Taquen es un artista visual y muralista nacido en A Coruña en 1992 y afincado en Madrid, graduado en Bellas Artes por la Universidad Complutense, dedicado a la creación pictórica, la intervención en el espacio público y el análisis de la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Su trabajo se sitúa entre el arte urbano, el dibujo y el análisis de la identidad comunitaria, con una clara vocación de intervención en el espacio público. A través de murales de gran formato y proyectos colaborativos en entornos tanto urbanos como rurales, Taquen utiliza elementos naturales y paletas cromáticas armonizadas para activar nuevas lecturas sobre el movimiento, el arraigo y la convivencia con el entorno, transformando muros y fachadas en dispositivos culturales, simbólicos y de cohesión socia
Tu trabajo está muy ligado al viaje y a distintos contextos. Comparando Madrid y Cataluña, ¿dónde crees que se trabaja con más criterio y dónde ves más inercia o improvisación?
En cada lugar que he trabajado he sentido que se hacían las cosas de forma distinta, en unos mejor, en otros peor, en otros la logística es perfecta mientras que en otros he tenido que gestionarme yo mismo todo el proyecto, cosa que suele suceder a menudo. Para cualquier artista resulta a veces utópico conseguir las mejores condiciones en cuanto a viaje, estancia, comodidades, logística, transportes, un muro listo para pintar, los materiales correctos, las grúas o escaleras… son muchos elementos los que giran en torno a un proyecto y además después está la ayuda y la compañía. En Barcelona he tenido la fortuna de trabajar durante los dos ultimos años, en diversos proyectos. Pinté en Sant Andreu, Mollet y Nou Barris el año pasado y este año en Cerdanyola. Siendo organizaciones diferentes, creo que han sido proyectos firmes, con un seguimiento previo en cuanto a la relación entre el artista y el entorno/ubicación de su trabajo para conseguir que la obra final mantenga un diálogo y esté contextualizada, y también para que pueda ser comprendida y compartida por las personas que habitan y conviven en estos lugares. Han sido proyectos mayormente bien remunerados y gestionados. En Madrid, donde vivo, también he tenido la oportunidad de realizar proyectos, dormir en casa no tiene precio. La gestión logística es mucho más sencilla para mi y, aun teniendo que gestionar, contratar y encargarme más personalmente de todos estos detalles, creo que compensa. Han sido además proyectos en los que como artista me he sentido muy valorado y en el futuro voy a poder volver a trabajar de nuevo. Es una ciudad en la que el arte urbano ha llegado algo más tarde, donde diversas empresas o compañías trabajan para llevar a cabo y gestionar estos proyectos pero también llegan directamente del propio Ayuntamiento de Madrid. En definitiva, no me decantaría por uno u otro lugar, creo que ambos tienen sus pros y sus contras. 
Has trabajado con nosotros en Nou Sentit Urbà y en KROMATIC, dos formatos bastante distintos. ¿Cómo planteaste cada intervención y qué decisiones tomaste en cada caso para adaptarte (o no) al contexto?
En Nou Sentit Urbà, la información que utilicé para la creación de la pieza venía dada por un contexto más generalista del barrio, de su historia. Realicé una investigación previa y adapté un trabajo recurrente en mis proyectos como son las aves migratorias a la situación y contexto. En cambio, en Kromatic, solitamos a los habitantes y a varias asociaciones que nos sugirieran temas sobre los que desarrollar mi obra. En este caso eran la cultura y las tradiciones los ejes sobre los que giraría mi obra. Después de recibir sus opiniones hice varios bocetos relacionados con su danzas, juegos y otros elementos base de su cultura para que ellos y ellas pudieran decidir. Fue un proceso algo más complejo, pero creo que con un retorno más positivo, más contextualizado y adaptado al contexto. Es cierto que en Nou Sentit Urbà no tuve tanto tiempo para prepararlo y el propio muro tenía diversas complicaciones. Resultados y caminos distintos para tratar de llegar a un mismo objetivo. Incluyo siempre en mi proceso de adaptación el uso de una paleta de color armonizada y acorde con su entorno, con los elementos que rodean el mural.
El muralismo ha crecido mucho gracias a presupuestos públicos y encargos privados. Desde dentro, ¿quién dirías que entiende mejor el valor del trabajo del artista?
Desde lo público suelen llegar proyectos de carácter más social y cultural, donde intervenir en escuelas, centros sociales y otros edificios públicos. Se suele hacer mediante concursos previos aunque ultimamente aparecen ya figuras dentro de los gobiernos que están especializados en cultura urbana, arte y arte urbano más concretamente y el criterio de elección parece estar mejorando. En cuanto a los encargos privados, es el propio cliente quien elige y valora qué desea y qué artista quiere que lo lleve a cabo. Por suerte, si hay algún intermediario que puede realizar el trabajo necesario para que el artista perciba lo que merece y su obra sea valorada y respetada previamente, es un trabajo que no tenemos que hacer.
Si tuvieras que señalar una práctica que te parece directamente problemática en cómo se gestionan estos proyectos (tanto públicos como privados), ¿cuál sería?
Relación previa entre el artista, el lugar y entorno donde se va a realizar la obra y las personas que allí habitan. Si estamos en contacto previo, si existe un diálogo y se toman decisiones teniendo en cuenta al espectador y al artista, todos saldremos ganando. Por desgracia es algo que no sucede siempre. También veo y me encuentro proyectos gestionados con presupuestos públicos donde muchos artistas están siendo mal pagados y compensados por otro lado. El artista, cuando trabaja fuera de su casa, necesita además poder tener la comodidad de no tener que enfocarse en otras cosas que no sea la obra. Se trata de un trabajo creativo, duro física y mentalmente, expuesto, etc. y todo eso debe tenerse en cuenta a la hora tanto de remunerarlo como de encontrar las mejores condiciones de seguridad y comodidad posibles. Por otro lado, la comunicación muchas veces no está cubierta y muchos proyectos terminan por pasar inadvertidos entre tantos otros.
¿Sientes que hoy el artista negocia realmente las condiciones o que, en la práctica, acaba adaptándose a lo que hay para poder trabajar?
Tengo la suerte de comenzar a equilibrar la balanza en mi favor a la hora de poder negociar los proyectos en los que participo, pero soy el primero que ha aceptado contratos rácanos, mal pagados y de condiciones pésimas por simplemente tener una oportunidad que de otra forma no hubiera tenido. Es algo que detesto a día de hoy, que siga habiendo lugares que se aprovechan de artistas que están comenzando, pero entiendo a quienes quieren poder pintar, crear un portfolio, desarrollarse y crecer. Es muy difícil mantenerse firme antes algo cuando lo sentimental de una profesión tan pasional entra en juego. Pero por suerte sí, creo que se empieza a entender que esto es un trabajo, como todos los demás, y debe ser respetado, partiendo de ciertos mínimos que deben cubrirse. El riesgo es otro factor que suele pasarse por alto a la hora de trabajar y de esto son totalmente responsables los organizadores.
En un sector donde cada vez hay más proyectos, ¿crees que hay más oportunidades reales o simplemente más volumen con menos calidad y peores condiciones?
Mayor volumen, mayor aprovechamiento, peores condiciones, sin duda. Pero también existe lo contrario, hay muy buenos proyectos y es interesante que quienes nos dedicamos a esto sepamos elegir bien y reclamar nuestras condiciones. Por desgracia, la moda trae siempre consigo menor calidad y mayor cantidad.
Has sido crítico con la IA. ¿Qué te parece más preocupante: la herramienta en sí o la mentalidad que hay detrás de su uso?
La herramienta es genial, todo lo que pueda acortar caminos es bienvenido, pero soy muy crítico con la forma en la que se está utilizando, como sucede con todo. No es el arma, es quien la dispara… Estamos acostumbrándonos a vivir en el conformismo y la comodidad, en no darle una segunda vuelta a las cosas ni estrujarnos un poco el coco para conseguir algo. Queremos la inmediatez, no aceptamos la duda ni la espera. Estamos entrando en una forma de vida rápida, simple, sin aristas y en la que el camino más corto, aun no siendo el bueno, es siempre el elegido. Me gustan las herramientas que nos ayudan a seguir siendo creativos, incluso que potencian nuestras capacidades, pero hay un gran riesgo detrás de esta y radica en cómo se está utilizando. Ayuntamientos que prefieren crear diseños para sus carteles mediante IA en vez de contratar a ilustradores, textos escritos por ordenadores sin ningún alma, mismas ideas, mismos pensamientos… la duda y el no saber nos mantiene despiertos, tener todas las respuestas en un clic es muy delicado y da miedo.

Si mañana un cliente te propone desarrollar un mural a partir de imágenes generadas por IA, ¿dónde pondrías el límite?
Si me permite interpretar estas imágenes a mi estilo y modo, podría hacerlo. Pero desde el principio valoro mucho el trabajo de los fotógrafos, he trabajado con varias fotógrafas para casi todos mis proyectos y al igual que yo espero que mi trabajo siga siendo valorado, me gusta hacer lo mismo. No hay ordenador, pienso, que entienda la delicadeza, la sutileza o cualquier otra sensación y sentimiento que un fotógrafo puede captar. Mi obra se basa en imágenes reales y se nota cuando algo está siendo basado en imágenes que no lo son. Quizá utilizar la IA para una composición, mezlcar elementos ya existentes… podría ser. Pero creo que si mi trabajo es como es, depende en gran medida de quienes han tomado las fotos con las que trabajo.
Tu trabajo mantiene una relación muy directa con la pintura y el gesto. ¿Qué crees que se pierde cuando el proceso deja de ser físico y pasa a ser principalmente digital?
La interpretación, el trazo, la incidencia de la luz, contextualizar la obra junto a su entorno, el diálogo con el espectador, la espontaneidad, los cambios durante el proceso… todos los elementos que me motivan y me empujan a seguir pintando en la calle. Lo digital tiene su lugar y no me cierro a ello puesto que mucho trabajo lo realizo así, pero me niego a pensar que pintamos murales para una simple foto y muchos likes. Últimamente estoy tratando de exprimir las experiencias que vivo en los lugares que pinto y se nota en el trabajo.
El color sobre una pared o un lienzo, nada tiene que ver con una pantalla. Emociona, se percibe la mano de quien lo ha hecho, la decisión… es incomparable. Se pierde identidad y personalidad. Mi obra siempre comienza sobre un papel, con un boceto hecho a mano y eso se arrastra hasta el último trazo sobre la pared.
En el espacio público, ¿te interesa ser aceptado o crees que una obra debería asumir el riesgo de no gustar?
Respeto cualquier decisión artística, pero quién soy yo para empeorar el día a día de las personas que pasan por delante del mural que he pintado? En cierta parte me siento responsable de ello. Estamos bombardeados de grandes anuncios y carteles con colores estridentes que nada tienen que ver con lo natural ni están pensando en el entorno que distorsionan o el ruido visual que general. Algo así pienso cuando trabajo en la calle, al final mi obra se queda para siempre y son los espectadores quienes piensan, disfrutan, se aburren, discuten o critican la obra y es para ellos para quien pinto. Entiendo y creo que a veces está bien tocar alguna fibra sensible, pero hay maneras y maneras. El arte público debe entender esto.
¿Has tenido que suavizar alguna vez una propuesta para que fuera aceptada por clientes, instituciones o vecinos?
Sí, más de una, muchos tira y afloja, pero también he tenido que darle la vuelta, hacerlo más llamativo a como yo lo tenía pensado. Mi paleta de color tiene esto, a veces, sobre el papel, cuesta entenderlo. Esta misma pasada semana me sucedió justo esto, una persona me preguntó qué sería lo que iba a pintar en la fachada de su edificio (no lo había visto previamente) y su primera impresión al ver el boceto en un papel, donde nada tiene que ver el color con la realidad, fue muy negativa. Traté de pensar en ella mientras trabajaba y aunque no cambié mi obra, intenté que su opinión al final fuera distinta y por suerte así fue. Cuando se trata de un cliente privado modifico mi trabajo hasta el punto en el que no me sienta cómodo, esa es una línea roja para valorar lo que hago y mi profesión. Si alguien está interesado en mi obra, debe comprender que mi criterio forma parte del proceso, si no hubiera buscado a alguien diferente que ejecute y no piense. Quizá la IA puede ayudarle jajaj
Mirando el sector en global, ¿qué te parece que está funcionando y qué dirías que es directamente humo?
Empieza a funcionar la gestión y sobre todo el valor de ciertos artistas por su trabajo, lejos del personaje ni de las modas. El arte urbano está de moda y eso tiene siempre un lado bueno y otro malo. Todos quieren unirse, subirse al carro, intrusismo, murales mal pagados, proyectos mal gestionados hechos rápidos y sin conocimiento ni criterio, ciudades y pueblos demasiado bombardeados con murales nada contextualizados realizados por artistas que ninguna culpa tienen más allá de buscar su hueco y tener oportunidades. Funciona el criterio, los gestores culturales empiezan a conocer el cartel y a interesarse por artistas para sus proyectos que tienen sentido, los artistas comienzan a formar parte del equipo de trabajo de los propios festivales o proyectos y esto hace que las obras finales merezcan la pena. Hay verdaderos comisarios de arte urbano que conocen lo que sucede, que buscan más allá y no se quedan en la primera escena, en lo de siempre. Se empieza a ver al artista y valorarlo como verdadero profesional y su trabajo es remunerado como merece. El humo, por desgracia, también crece y se ve de lejos. Obras hechas simplemente para llamar la atención, para moverse en redes, mayor importancia al video final/reel que al trabajo, artistas centrrados en la interacción digital más que en su día a día trabajando en la calle, en el mundo real. No me gustaría entrar en temáticas de concursos, «mejores murales del mundo», falsos premios que opacan todo lo que está sucediendo realmente… funcionan ciertas plataformas que nos ayudan a mostrar lo que hacemos y localizarlo, pero no funcionan este tipo de intereses relacionados con la competición. Funcionan los festivales en los que el artista se siente parte de ellos, que generan sensaciones familiares, comodidad y se siente valorado. He tenido la oportunidad de participar ultimamente en muchos de ellos, donde reina el buen criterio y la sensibilidad a la hora de trabajar, más allá de buscar al artista más famoso y pagarle el doble que al resto simplemente para que su proyecto aparezca en los medios. Hay mucho humo por desgracia, pero mucha luz, solo necesitamos un poco más de sensibilidad y criterio. La publicidad también pienso que forma parte de este humo, se sube al carro y hace lo que quiere con muchos artistas porque «puede» y ahí debemos cuidarnos unos a otros, entre nosotros.
Sabemos que estás trabajando en un libro. ¿Cómo se relaciona este proyecto con tu práctica actual y qué te interesa explorar a través de este formato?
El proyecto, por suerte, ya vio la luz. Se trata «Esperas sin Horizonte – Sahara Marathon», un diario íntimo en el que relato mi dia a dia en los campamentos de refugiados saharauis de Argelia, donde participé además en el maratón solidario que se organiza anualmente. Fue un viaje profundo, duro y bonito a partes iguales. Me removió y me tumbó, creía que estaba preparado por todo lo vivido pero nada más lejos de la realidad. Al final la carrera fue lo de menos. Recopilé fotografías analógicos y digitales, textos, dibujos y documentos de todos esos días. Es la mejor forma que he encontrado de hablar de lo que allí sucede, de acercarlo, de dar voz y poner cara a este problema por desgracia muchas veces desconocido.
Profundizando en mi práctica artística actual, siempre me he interesado por este formato. Hice mi primer diario durante la cuarentena, surgió igual que ha surgido este, sin buscarlo. Escribo a menudo, viajo siempre con una antigua cámara de mis padres y el dibujo es mi mejor herramienta… encontré la posibilidad de hacer algo diferente y creo haber acertado. Me interesa comunicar, compartir, hablar sin tapujos de lo que vivo y siento, pues creo que nos une con quien no nos conoce.
Taquen es un artista visual y muralista nacido en A Coruña en 1992 y afincado en Madrid, graduado en Bellas Artes por la Universidad Complutense, dedicado a la creación pictórica, la intervención en el espacio público y el análisis de la relación entre el ser humano y la naturaleza.
