Margalef

Margalef es un artista catalán que cursó estudios de arquitectura. Su obra, inspirada en la cultura del arte urbano y el arte abstracto minimalista, combina la conciencia de los conceptos arquitectónicos mediante técnicas artísticas efímeras. Margalef crea instalaciones, reapropiaciones de imágenes o intervenciones, que normalmente podemos encontrar en el espacio público. Su ubicación, al alcance de todos, permite que los espectadores interactúen de una manera muy directa con su arte. Sus obras reformulan los códigos del lenguaje urbano, consiguiendo así cuestionar el statu quo a través del arte.

De formación eres arquitecto, pero has acabado desarrollando proyectos que fusionan la arquitectura con la creación artística. ¿Cuándo y cómo empezaste a desarrollar tu práctica artística en el espacio público?

Lo definiría como que mi práctica afronta retos artísticos mediante planteamientos arquitectónicos, o bien plantea arquitecturas a través de una concepción artística. La arquitectura, que también es un arte, generalmente aporta una visión amplia del contexto y ofrece ciertos recursos técnicos a la hora de plantear su ejecución. Estas dos cosas facilitan las intervenciones en el espacio público potentes y ambiciosas. Cinco años atrás decidí a ejecutar propuestas en el espacio público, con la idea de pasar de la teoría a la práctica. En ese momento se promocionaban muchas propuestas artísticas basadas en una dosis alta de teoría, mientras se podía palpar sólo una pequeña muestra plástica. Creí interesante trabajar en una línea que defienden justamente lo contrario: fijar una teoría reducida, y ampliar el impacto físico de la propuesta, por lo que el resultado por sí solo ya explicara el concepto.

A pesar de que has ido explorando con diversos materiales y soportes, gran parte de tu obra en el espacio público se identifica por su medio de creación, la cinta industrial. ¿Por qué elegiste este material? ¿Cuál es su simbología o trasfondo?

La cinta industrial es un material versátil, práctico y económico; ofrece mucha superficie de color en un solo rollo que casi no pesa, no ocupa espacio, no te ensucias las manos, te permite rectificar, y además permite retirar todo ello en cuestión de minutos. Para intervenciones efímeras, ésta ha resultado ser una muy buena opción. La puse en práctica en uno de los primeros proyectos, el puente rojo de Girona, donde se tenían que aplicar muchísimas líneas de color sobre un tramo de 70 metros de largo. Dado que era un propósito bastante ambicioso, había que encontrar una solución competitiva en el desafío de recursos, tiempo y condicionantes. A partir de ahí, he ido ampliando el abanico de cintas disponibles en el mercado, siempre tratando de aplicar las virtudes de cada una de ellas en diferentes contextos. Experimentar con las prestaciones de los materiales disponibles e investigar su simbología o significados asociados, ha pasado a formar parte de mi discurso creativo.

A través de tus intervenciones, cuestiones, reformular y reinterpreta los códigos del lenguaje urbano. ¿Qué efectos crees que puede tener el arte a la hora de subvertir las jerarquías y los modelos sociales de comportamiento establecidos por las estructuras de poder?

El arte, generalmente, cuestiona el statu quo. Nos preguntamos cosas, reflexionamos, experimentamos, y finalmente extraemos posicionamientos. El artista apela al espectador mediante su práctica, para que tome parte en este cuestionamiento. A mí personalmente me interesa hablar de la política del espacio público -del conflicto, de la convivencia, de la libertad, etc-. Y resaltar ciertos aspectos con los que convivimos y no sabemos el porqué, o no hemos pensado, o damos por hecho que las cosas son así, pero que, si te fijas, condicionan nuestra experiencia urbana.

Asimismo, estas intervenciones a menudo apelan al juego y la interacción con la ciudadanía. ¿De qué manera puedes llegar a desafiar la condición de espectador del público a través de tu práctica artística?

La interacción pretende que el espectador sea también el protagonista, que obtenga varias visiones y que capte otros matices no tan evidentes. Hay muchas cosas que no se explican en una foto, y creo que hay que vivirlas. Una intervención, por ejemplo, que juega con el reflejo del Sol puede tener un carácter diferente a medida que evoluciona la jornada. O una intervención geométrica a gran escala, donde nos sentimos desubicados ante un grafismo repetitivo e ilimitado, nos genera una sensación de alerta. Captar la atención del espectador es el primer paso, guiarlo entonces hacia el sentido de la propuesta es una tarea que bien se puede explicar literalmente en una hoja o una presentación, o bien trabajarlo más a fondo inculcando ciertos elementos dentro de la obra que generen una explicación por sí mismos. También se trata de conseguir un grado de aceptación o de convivencia, que la intervención no genere desconfianza sino un valor añadido a preexistente.

Precisamente, tus obras tienen un vínculo directo con el espacio público. ¿Como interviene la arquitectura, el contexto y el entorno durante el proceso de conceptualización de una obra?

Intento establecer un diálogo con la calle y con cómo se vive este espacio, con la idea de alterar el contexto para poner en valor algún aspecto característico presente, aunque no sea tangible. En mis trabajos es esencial que la componente arquitectónica esté presente, bien como algo preexistente (una arquitectura interesante de alguna manera) o bien creando a partir de la obra. El uso de materiales relacionados con la construcción supone también una aproximación a esta premisa.

¿Como arquitecto, qué visión tienes del paisaje urbano de la ciudad y la interacción que se genera con el arte urbano?

La ciudad sufre una sobre-estimulación visual y sensorial. En parte es lo que la hace seductora, pero genera también muchas incomodidades e incongruencias. La publicidad, por ejemplo, impera con impunidad por todo tipo de espacio urbano .; nadie nos pregunta si queremos anuncios ni tampoco donde los queremos. En este sentido es necesario que los ciudadanos seamos críticos y alzamos nuestra voz. Tenemos derecho, pero no nos lo han consultado nunca, siempre nos lo hemos tenido que ganar. El arte urbano ha seguido este camino, ha buscado lugares menos ocupados o preocupados por la estética y los ha hecho suyos (solares, edificios abandonados, etc). Poco a poco ha ido conquistando más espacios, pero todavía le queda margen. Se podrían integrar o prever espacios para el arte urbano en muchos otros ámbitos. Por ejemplo en el metro, en vez de anuncios publicitarios podría tener cabida la expresión artística. O en las paradas de bus. Como colectivo, hay que reclamamos espacios e igualdad de oportunidades con otros sectores.

La mayoría de tus proyectos tienen una temporalidad determinada. ¿Qué papel tiene la efimeridad en tus obras?

Entiendo el uso de la calle no como una apropiación sino como una aportación puntual, algo pasajero. El arte en el espacio público está sometido a mutaciones impredecibles y esto es un hecho a tener en cuenta. Muchas veces hay que aceptar el principio que la calle es de ‘todos’ y la prevalencia de una obra no depende sólo de la intención del artista. Por otro lado concebir una obra de manera efímera plantea condicionantes y también oportunidades. Te permite asumir riesgos y probar cosas que de manera permanente no serían posibles, bien porque ocupamos un espacio urbano determinado o bien por la durabilidad de los materiales utilizados.

Actualmente estás trabajando en la primera intervención en el marco de un nuevo proyecto de dinamización artística de la Supermanzana del Poblenou. ¿Dirías que estos espacios generan nuevos escenarios de comportamiento social dentro del espacio urbano? ¿Nos podrías hablar de las primeras líneas de la acción comunitaria que desarrollarás?

He podido vivir y ver de primera mano cómo ha evolucionado en los últimos meses del ecosistema urbano en la Supermanzana del Poblenou, y me ha sorprendido como la gente ha hecho suyo el espacio público. Creo que todos los vecinos de la ciudad desearíamos a la larga un espacio como este cerca nuestro. Proporciona un marco de posibilidades inconmesurables y aún nos quedan por ver muchas cosas. El proyecto de intervención que estamos preparando con Rebobinart trata de reforzar el papel del peatón como agente activo en la definición de las ciudades por encima del vehículo, mediante la creación de un nuevo lenguaje gráfico que impulse la apropiación de los espacios que usualmente han sido reservados por el tráfico rodado. Está previsto que se lleve a cabo en colaboración con los alumnos de la escuela adyacente y prevé una continuidad de acciones prolongadas en el calendario que aseguren la supervivencia y el impacto del proyecto.

Por último, ¿por qué crees que ha habido un crecimiento exponencial de proyectos de arte urbano en el ámbito nacional e internacional durante los últimos años?

El arte urbano nos descubre nuevos espacios, nos los presenta bajo una mirada diferente, y muchas veces llena las carencias que tiene la ciudad. Durante los últimos años se ha logrado un cierto grado de aceptación por parte de la ciudadanía, que siempre es importante. Pero quizás habrá que insistir en ofrecer propuestas que aporten algo más que llenar metros cuadrados de pintura y una foto bonita; hablo de propuestas de arte urbano que tengan en cuenta el paso del tiempo, la inversión de recursos, o el retorno que se espera. Y de este modo pasó de ser una anécdota a ser un activo importante para nuestra sociedad. Barcelona, ​​por ejemplo, siempre ha sido una ciudad vital y constantemente surgen iniciativas que favorecen el arte urbano o el arte en la calle. A menudo estas no perduran en el tiempo, o bien no se pueden sostener económicamente o bien no reciben un apoyo claro y decidido por parte de instituciones o impulsores. Sin embargo, la ciudad y sus artistas se reinventan constantemente para hacer llegar al público la creatividad latente.