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Rebobinart en Gran Canaria: ¿quién decide qué se pinta en las paredes de la ciudad?

Las Palmas de Gran Canaria / 2026

Viajamos a Las Palmas de Gran Canaria con esa pregunta y poco más. Ninguna respuesta en la maleta, y ese era el plan.

Los días 10 y 11 de septiembre de 2026, Las Palmas acogió las jornadas «The Wall. Arte público y prácticas de gestión», un ciclo organizado por el Centro de Arte La Regenta con la Viceconsejería de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias. Rebobinart, la entidad que ha producido más murales de gran formato en Cataluña en los últimos catorce años, participó el viernes 11, a dos voces. Marc Garcia, director y fundador, repasó dieciséis años de gestión del arte urbano partiendo de esa pregunta. Míriam Alarcón, creadora y comisaria de Womart, habló de mujeres, arte urbano y espacio público.

No nos pidieron un catálogo de murales bonitos

El encargo de La Regenta iba por otro lado. Querían la parte que no se ve: los trámites, las negociaciones, los obstáculos que no salen en la foto. Todo aquello que hace que el arte público sea mucho más que pintar paredes.

Las jornadas son la pata teórica del Proyecto ArenArte, que pinta las fachadas deterioradas del barrio de Arenales, en el centro de Las Palmas, para recuperar su identidad y abrir conversación con el vecindario. El ciclo no se celebró en un auditorio cualquiera. Se hizo en el Centro Cívico Suárez Naranjo, dentro del mismo barrio donde están los muros.

El programa, de acceso libre, reunió experiencias muy distintas: el Proyecto Casa Arco del artista Capi Cabrera, ya materializado en Arenales; el CEMFAC de Los Llanos de Aridane, explicado por Ricardo Suárez, que ha convertido el municipio en un museo en la calle; la mirada comunitaria del muralista Tono Cruz; el trabajo de Boa Mistura, presentado por Javier Serrano Guerra; y los modelos cooperativos de 7H Cooperativa Cultural, con Andrea Barreira Freije.

El arte urbano también ha caído en el extremismo de la fórmula única

Hace años que el sector vive instalado en una certeza: solo hay un camino para hacer proyectos, y es el que hace cada uno. Arte contextualizado. Arte democrático. Arte que transforma el territorio. Arte que construye ecosistemas.

Cada una acierta en algo. El contexto importa, y la participación también. Que un proyecto deje estructura cuando se va, igual. El problema no son las ideas, es la certeza con la que se defienden: cada etiqueta viene con su manual y con su lista de lo que está bien y lo que está mal, y se exhibe con una vehemencia que se parece más a una campaña política, con proclamas, consignas de venta y adversarios señalados, que a una práctica artística.

Hemos pasado por todas. Y hemos salido con una conclusión incómoda: ninguna se sostiene sola.

Lo que cambia no es la pared, es la lógica

Artística, libre, participativa, publicitaria, conmemorativa, reivindicativa, educativa, efímera, patrimonial, identitaria, comunitaria, institucional, especulativa… La misma fachada admite todas esas lógicas, y cada una llega con su encargo, su dinero y su conflicto. Un muro no es un soporte. Es una decisión.

Llevamos dieciséis años contradiciéndonos, y es lo mejor que hemos hecho

En Las Palmas pusimos sobre la mesa toda nuestra manera de trabajar, sin elegir qué enseñábamos. Están los proyectos que impulsamos nosotros, con libertad económica y sin ningún cliente detrás: nacen de una necesidad que hemos visto en la calle y los sacamos adelante porque creemos que deben existir. Y está todo lo que nos encargan administraciones, entidades, empresas y particulares. Proyectos sociales, comunitarios, educativos, institucionales, comerciales y publicitarios, hasta la pintura de fachadas para una marca.

Tantos muros no nos dan la razón. Nos dan el muestrario, y recorrido suficiente para habernos equivocado de todas las maneras posibles.

Todos tienen contradicciones. El muro libre que la misma institución que lo tolera acaba borrando con una capa de pintura gris. El proyecto comunitario pagado con una partida que el barrio no había pedido. La marca que le da a un artista la pared más grande de su vida y que, con la misma factura, paga el proyecto social que no se paga solo. El mural que un vecino aplaude y el de al lado que otro denuncia, la misma mañana.

No lo escondemos. Lo explicamos, porque es lo que pasa cuando trabajas en el espacio público con interlocutores reales, cada uno con sus intereses.

Womart: reivindicar sin certezas absolutas

Míriam Alarcón explicó Womart desde el mismo sitio, el de un proyecto que todavía no tiene todas las respuestas. Nació en 2018 de un dato que nos cayó encima gestionando muros: el 96 % de los artistas que reservaban pared en Wallspot eran hombres. La reacción fueron diez intervenciones simultáneas en diez ciudades. Después llegaron las JAM, los procesos con las vecinas de Trinitat Vella y el mural del 8M en Sant Martí, negociado en cuatro mesas a la vez.

Womart no es un manual, y Míriam lo dijo claro: las preguntas siguen abiertas. Cómo reivindicar el talento femenino sin ser paternalistas. Cómo dar cabida a la diversidad de identidades sin reproducir la exclusión que denunciamos. Hoy ya no es un proyecto aparte. Es una manera de decidir a quién llamamos, a quién programamos y quién decide qué se pinta.

Cuando pintas en el espacio público generas controversia. Siempre.

Ayuntamientos, vecinos, entidades, artistas, marcas, propietarios, medios, turistas. Al otro lado, el contenido, el proceso, el dinero, la ubicación, la duración y, sobre todo, quién no está. Cualquier combinación es un conflicto posible. Quien prometa lo contrario te vende lo que quieres oír.

En Rebobinart las trabajamos todas. No porque sí: cada una le sirve a alguien en algún momento, y si todas tienen una función, todas son igual de válidas. Declarar una la única legítima no es una posición artística. Es decidir que la manera de hacer y de pensar de otro no cuenta.

Para quien nos llama, esto tiene una consecuencia práctica. No llegamos con un modelo que validar. Preguntamos de qué muro se trata, quién lo paga, quién vive enfrente y quién se hará responsable cuando alguien se queje. La respuesta cambia el proyecto entero.

Y sí, la trampa también es nuestra. Un texto que denuncia las certezas absolutas acaba proclamando cosas con demasiada seguridad. Por eso no lo cerramos con ninguna fórmula. Lo decía Míriam de Womart y vale para todo lo que hacemos: las preguntas siguen abiertas. Seguimos sin saber quién decide qué se pinta en la ciudad. Lo que tenemos son dieciséis años de pruebas de que el trabajo no consiste en elegir una lógica y defenderla contra las demás, sino en mantenerlas todas vivas a la vez y seguir abriendo otras nuevas.

Jornadas «The Wall. Arte público y prácticas de gestión», 10 y 11 de septiembre de 2026, Centro Cívico Suárez Naranjo, Las Palmas de Gran Canaria. Organiza: Centro de Arte La Regenta, del Gobierno de Canarias, en el marco del Proyecto ArenArte. Gracias a Núria González Gili y Alejandro Vitaubet por la invitación y la acogida.

Rebobinart · presupuesto en 48 h

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