TED x Gràcia

En noviembre de 2015, el fundador de Rebobinart, Marc Garcia, dio una charla en el TEDxGràcia, la edición independiente de las TED Talks en el barrio de Gràcia. En la foto en blanco y negro, los ponentes sentados en el suelo, riendo, durante la sesión de ensayo previa al acto.
Explicó cómo Rebobinart convirtió un problema, las persianas pintadas sin permiso, en una manera de trabajar: paredes cedidas, artistas y vecinos en la misma mesa. El recorrido completo, desde Persianes Lliures hasta hoy, está en los proyectos de Rebobinart.
En el vídeo, la charla TEDx de Marc Garcia. Empieza con las gambas de casa de sus padres y con los niños que le chutaban el balón a la ventana, y llega a las dos maneras que tiene la sociedad de resolver problemas: pasárselos a otro o prohibirlos. En medio, el mural con los internos de una prisión, que acabó con una sorpresa: no pudieron volver porque los internos no querían que se repintara su muro.
Transcripción del vídeo8 min 2 s
Marc GarciaEl conflicto más grande que hay en casa de mis padres son las gambas. Las gambas son la comida más deseada por mi familia, sobre todo por mí. Yo tengo un don a la hora de pelarlas: soy muy rápido, y esto me permite comer más gambas que el resto. A veces eso hace que salgan pequeñas riñas sobre la cantidad consumida por cada miembro. Al final nos lo tomamos a broma: todos sabemos que si mis padres se comen todas las gambas no pasará nada. Bueno, sí: que nos reiremos bastante.
En entornos familiares, donde existe una buena relación entre todos los miembros, es mucho más fácil solucionar problemas. Pero todos sabemos que cuando abrimos la puerta de casa y entramos en el maravilloso mundo del espacio público, aquí es un poco más complicado.
Hace unos años yo vivía en un barrio de Barcelona donde los niños tenían una tradición: cada domingo se reunían delante de mi casa y jugaban a pelota. El objetivo del juego era impactar la mayor cantidad de veces posible en mi ventana. Un domingo normal no pasa nada; pero un domingo con resaca, los golpes sonaban el doble de fuertes en mi cabeza.
En esa época yo trabajaba de comercial de Chupa Chups y, un día, cansado de tanto golpe, decidí enfrentarme al problema. Lancé caramelos a los niños y les dije que, si dejaban de jugar en mi ventana y empezaban a jugar en la ventana del vecino, les seguiría tirando caramelos hasta que no me quedara ninguno. A partir de ese día, en mi barrio me llamaron Kojak, que era la competencia de Chupa Chups.
De esa experiencia aprendí tres cosas. Que si lanzas caramelos a un niño, al minuto te salen veinte. Que disponer de un apodo te integra mucho más en la comunidad. Y que, aunque me gané el mote de Kojak, realmente no resolví el problema: yo no me despertaría a golpes de pelota los domingos, pero mi vecino sí.
Esta es una forma muy común que tenemos en nuestra sociedad de solucionar problemas: coger nuestro problema y pasárselo a otro sin resolverlo. Hay otra forma muy común: prohibirlo, pensar que una medida restrictiva eliminará o solucionará el problema.
Esta es la forma en que la ciudad de Barcelona ha intentado solucionar la problemática del grafiti. En 2006 entró una normativa, la normativa del civismo, que entre muchas otras cosas prohibía pintar en la calle. Esto no solucionó la problemática del grafiti; al contrario, fomentó este arte, pero en su parte más invasiva.
Y entonces fue cuando yo hice aparición en este mundo del arte urbano, de la mano de mi hermano, Pau. En esa época Pau pintaba grafiti en la ciudad de Barcelona y coleccionaba una gran cantidad de multas y de carreras nocturnas. Fue entonces cuando juntos empezamos a pensar cómo podíamos enfrentarnos a este problema y solucionarlo de la misma forma que en casa de mis padres solucionamos la problemática de las gambas.
Empezamos a buscar espacios por Barcelona donde fuera posible pintar de forma legal y a diseñar proyectos que aumentaran la calidad artística de esta obra. En esa época el ayuntamiento no estaba muy por la labor, no estaba muy dialogante con nosotros, y nuestros proyectos no eran legales según la normativa de paisaje urbano. Pero seguíamos insistiendo: cada vez hacíamos más proyectos y empezamos a tener repercusión mediática.
Y al final, este jugar con el bien y el mal de las normativas de una ciudad, en 2009 nos llevó a prisión. Fuimos a prisión a hacer un mural participativo, con artistas urbanos y con los propios internos. La idea era decorar ese espacio gris que era la prisión.
Las primeras ideas propuestas por los internos fueron pistolas, cuchillos y mensajes reivindicativos. Es aquí donde tuvimos que intervenir y decirles que queríamos decorar la prisión con un color positivo, que no fuera gris, y que tuviera un mensaje para todo el mundo, ya que allí vivía todo el mundo. Las ideas anteriores no ayudaban mucho.
Una vez puestos de acuerdo, nos pusimos a trabajar, y a los minutos no se podía diferenciar entre artistas y reclusos, porque estábamos todos trabajando en un mismo proyecto. Pasaron las horas y sonó una alarma por toda la prisión. Miramos a los internos. «Motín», nos dijo uno de ellos. En ese momento pasaron por delante nuestro todas las películas de prisión que habíamos visto. Volvimos a mirarlos: se estaban riendo. Era la hora de comer. Fue entonces cuando realmente fuimos uno, porque nos dejaron entrar dentro de su círculo.
Meses después quisimos repetir la experiencia, volver a la prisión. Llamamos al director y nos dijo que no podíamos volver. No podíamos volver porque los internos no querían que se repintara la misma pared. Habíamos conseguido que la pared que les privaba de libertad la sintieran suya: ya no era el muro de la prisión, era el muro de los internos.
De esa experiencia aprendimos dos cosas muy importantes: que cuando las personas trabajan en un espacio concreto, lo pueden llegar a sentir suyo; y que cuando trabajan en grupo se genera un sentimiento de comunidad.
Ahora, conjuntamente con el ayuntamiento, se nos ha propuesto un reto. Hay una plaza muy céntrica de Barcelona donde hay dos grupos de niños: unos juegan al fútbol y otros al críquet. El conflicto surge cuando los dos grupos se disputan el uso de la plaza. Hemos pensado hacer un diseño artístico en el suelo y que estos dos grupos trabajen conjuntamente en él. No nos interesa mucho el resultado final de la plaza: nos interesa el proceso creativo, porque es ahí donde reside la solución.
Por un lado haremos que estos niños salgan de su espacio de confort, que es el deporte; y por otro, que trabajen juntos en un proyecto común. Y así, como pasaba en prisión, esperamos que dejen de ver la plaza como un espacio de discusión y que sea un espacio de unión: es a través del proceso creativo que les habremos creado una historia conjunta.
Cuando empezamos a jugar con esto del arte urbano no teníamos ninguna meta ni ningún objetivo. Era jugar, a ver qué decía el ayuntamiento. Es ahora que vemos que tenemos una herramienta muy potente, que nos ayuda a llegar a muchas más personas y que, a través de los procesos participativos, puede hacer que todas las personas sientan más suya la ciudad.
Nuestra idea es sacar el arte de las galerías y de los museos, y que este espacio gris y monótono que es el espacio público nos motive y nos inspire. Y al final lo hemos conseguido: estamos solucionando problemas en el espacio público de la misma forma que con mis padres nos reímos de mi habilidad a la hora de pelar gambas.
Y ahora, cuando salgáis del auditorio, os invito a que podamos compartir un plato de gambas y a que empecéis a levantar los ojos y veáis la galería más grande del mundo: la calle.
Vídeo de TEDx Talks. Transcripción del vídeo, editada para la lectura: se han quitado las repeticiones y las muletillas del habla, se ha puntuado el texto y se indica quién habla.







