Slim Safont

Nil Safont, más conocido como Slim Safont nació en 1995 en Barcelona. Con tan sólo doce años ya se adentró, de una manera instintiva, en el mundo del arte urbano. Es graduado en Bellas Artes en la Universidad de Barcelona. Estos estudios le han permitido acceder a un abanico muy amplio de lenguajes artísticos que ha ido desarrollando a lo largo de su trayectoria como artista. Sus obras se pueden encontrar en diversas poblaciones de Cataluña, pero también han llegado a Italia, Los Ángeles, Nueva York o Moscú, convirtiendo a Slim Safont en un artista de renombre internacional.

Con sólo 12 años ya empezaste a experimentar con el graffiti. ¿Qué fue lo que te motivó a empezar a pintar en el espacio público?

Mi nombre real es Nilo, tengo 24 años y nací en Berga, una pequeña ciudad del norte de Cataluña. Empacé a hacer mis primeros Tagg y escuchar música rap a la edad de 12 años. La cultura hip hop siempre ha influenciado mi estilo de vida; la música y sobre todo el graffiti definieron mis inicios y mi adolescencia, cuando cantaba rap y escribía mi nombre a los muros de la ciudad. Uno de mis referentes de aquella época es el conocido rapero Eminem, también conocido como Slim Shady. Su música me acompañaba mis noches de graffiti y sus letras de alguna manera me hacían sentir identificado. Desde él empecé a escribir Slim, también porque siempre he sido muy delgado, pero sobre todo en homenaje a mi rapero favorito en ese momento.

Mis primeras pintadas en el espacio público fueron bastante instintivas, no sabría encontrar un motivo por el cual empecé a hacer graffiti, creo que sobre todo era la sensación de peligro de que te atrapa y la sensación de satisfacción al saltarte la ley y que no te pillen. También convertirse de alguna manera en una pequeña competición con otros graffiteros para ver quién podía pintar más veces su nombre y en lugares más arriesgados. Tras unos años sí que empecé a ser más consciente de lo que hacía y me interesé por intervenir espacios abandonados donde podía dedicar horas a producir una pieza sin temor a que me atrapan, por lo que tenía más en cuenta la calidad técnica y buscaba crear algo que tuviera sentido en ese espacio y contexto.

Después estudiastes Bellas Artes en la UB, ¿qué influencia tuvo esta formación en la evolución de tu estilo y técnica?

Después de mis años de graffiti estudié arte en la Universidad de Barcelona, ​​donde empecé a conocer el mundo del arte y la pintura y los relacioné con mis inquietudes por el mundo del Hip Hop. Así inicié mi carrera como muralista y pintor, actualmente soy conocido como Slim Safont y mi vida gira completamente en el mundo del arte.

Los estudios artísticos me permitieron desarrollar mi creatividad sobre todo a nivel conceptual y conocer personas que me han acompañado desde entonces y de quien he aprendido mucho. La Universidad me ayudo a descubrir todo un abanico de posibilidades de lenguajes artísticos que podía utilizar, y a conocer aspectos de la historia del arte que son importantes para entender las actividades artísticas actuales. Esto significó un gran apoyo para ayudarme a entender que era lo que quería decir, como lo quería hacer y por qué.

Creo que ha sido importante haber tenido esta base que te proporcionan los estudios universitarios, sobre todo para crecer a nivel conceptual y para entender el funcionamiento del sistema del arte pero a nivel técnico debo toda mi evolución a muchas horas de trabajo, esfuerzo y la posibilidad de haber podido trabajar con artistas que ya tenían una técnica muy avanzada y de quien he podido aprender de manera muy rápida gracias a sus consejos.

Gran parte de tu obra plasma figuras humanas con un estilo muy realista. ¿Qué historias se esconden detrás de tus obras? ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

Mi inspiración proviene de todo lo que me rodea, de todas las situaciones que he vivido, de las personas que he conocido y de cada sentimiento que he sentido en mi interior. Me gusta observar la realidad, mirar e intentar encontrar sentido en todo lo que pasa a mi alrededor. Me inspira principalmente la ciudad y los comportamientos sociales que veo en el espacio urbano, la forma en que se estructura y las relaciones sociales que se definen a cada espacio. El ser humano, su comportamiento y su forma de relacionarse con su entorno y el resto de individuos, son mi interés principal y la base de mi trabajo artístico.

Viajo mucho y tengo la oportunidad de conocer muchas culturas diferentes, aprender de nuevas realidades que me hacen abrir mi manera de pensar y entender realmente lo que quiero comunicar con mi trabajo. Este hecho viene dado por el autoconocimiento que también estoy obteniendo gracias al hecho de viajar solo, de conocer nuevos idiomas, personas, situaciones que me ponen a prueba y de las que saco partes de mí que antes no conocía.

Me gusta viajar con mi cámara, observo lo que pasa a mi alrededor y simplemente hago fotos de escenas o situaciones que me parecen interesantes en ese momento. A veces tengo claro por qué retrato una situación, a veces sólo siento algo dentro de mí que me lleva a hacerlo.

Con todas las fotografías que hago, hago una selección y me quedo con las que me parecen más interesantes en cuanto a color, luz, composición, concepto o idea. Intento encontrar un significado a cada imagen y así trabajo en estas imágenes cuando tengo que hacer un mural o un cuadro. Normalmente trabajo de una manera muy específica en el lugar donde debo intervenir, realizando una investigación social y pensando muy bien qué quiero comunicar al público que vive en este espacio.

De esta manera, hago fotos, intento relacionarme con la gente que vive e intento conocer el lugar para ser sincero con lo que contaré con mi trabajo. Para mí es muy importante poder llegar de manera sincera a la gente que vive en el lugar, que mi trabajo sea un punto de diálogo entre ellos y también conmigo.

El hecho de trabajar de esta manera, representa una búsqueda constante de la imagen adecuada para aumentarse de escala, hacerla pública a los ojos de todos y trabajar- la pictóricamente de una manera que es aún más interesante que la fotografía misma. Intento pensar qué es lo que realmente necesita ver a la gente y no lo que quiere ver.

Muchas de las escenas que pintas remiten a escenas cotidianas de la vida social. ¿Existe una relación entre tus obras y tu percepción personal de la cotidianidad?

Pienso que lo cotidiano es representativa de las experiencias y vivencias diarias que experimenta el ser humano y que, por tanto, refleja comportamientos y costumbres que definen y son identificativos de cómo es la vida en una determinada sociedad. Con mi trabajo intento focalizar miradas en situaciones de la vida cotidiana que pueden ser más significativas que otras, que puedan ser representativas de algún aspecto social concreto en cada contexto, de modo que narren una historia que pueda ser interesante para el barrio, pero también para quien no forma parte de ese entorno social y que puede ponerse lo en relación con su propia realidad.

Asimismo, ¿crees que la ciudadanía puede empatizar más fácilmente con un arte realista con el que se pueden llegar a identificar?

Hay muchos lenguajes artísticos diferentes que pueden utlizar en el momento de intervenir el espacio público, pienso que todo depende de la intención del artista al tener en cuenta qué es lo que quiere expresar o comunicar con su obra. Evidentemente pienso que hay lenguajes que pueden llegar más fácilmente que otros, ya que se debe tener en cuenta que el espacio público pueden circular todo tipo de personas, desde el más sabio en historia del arte y que seguramente tendrá más fácil interpretar cualquier intervención, hasta una persona que quizá no está acostumbrada a ver arte a menudo. Sin embargo, es también interesante que puedan surgir lecturas totalmente diferentes y pienso que puede ser igualmente interesante una intervención más abstracta que una de más figurativa. De echo de eso se trata desde mi punto de vista, utilizar el espacio público como espacio de experimentación, de confrontación, de reflexión, de diálogo, de debate.

En mi caso, utilizo la pintura de realismo social porque pienso que es la forma más «sencilla» de expresar lo que necesito comunicar. Me gusta que el mensaje pueda ser más directo o más abierto, dependiendo de la situación, pero que se comunique con un lenguaje fácil de comprender o de interpretar.

Trabajar en el espacio público implica también una vinculación con el territorio y sus habitantes. Precisamente, en 2018 pintaste un mural de memoria histórica en L’Hospitalet (Barcelona), en referencia a la industria textil del siglo XX. ¿Cómo establecer un vínculo con el pasado industrial de la localidad para luego traspasarlo al mural?

Cada proyecto requiere una investigación sobre todo social e histórica de cada uno de los territorios donde debo plantear una idea. A veces obtengo información por mi cuenta y busco un motivo que me parezca interesante para aquel contexto, en ocasiones y cuando es posible lo hago también comentando las ideas con los vecinos y preguntando cosas más específicas o íntimas que me interesa saber. Dependiendo de si el territorio es más cercano a mí y más fácil de comprender o de si es al extranjero y por lo tanto no conozco absolutamente nada, la investigación y búsqueda de un concepto adecuado puede resultado más o menos complicada.

En el caso del proyecto que hicimos en Hospitalet, planteamos el tema principal de la Industria textil del siglo XX en la ciudad y empezamos a buscar información y referentes con la ayuda de Rebobinart. Hacer un proyecto de memoria histórica puede ser muy enriquecedor para todo el que aprendes a nivel histórico y social sobre un determinado territorio mientras buscas información para inspirarte.

En este proyecto fuimos capaces de obtener mucha información interesante que fue de gran ayuda para plantear la idea, pero tuvimos más problemas a la hora de encontrar imágenes de la época que pudieran representar lo que nosotros queríamos expresar con el mural. Convertir toda esta información en una sola imagen no es fácil y menos teniendo en cuenta que hablamos de un momento del siglo XX en que la documentación fotografiaca en el sector industrial en Cataluña era casi inexistente. Finalmente pudimos hacer una elección de algunas imágenes que examinamos y acabamos modelando la imagen final con el ordenador, añadiendo o quitando elementos, según nuestro interés.

Aunque normalmente vemos tu obra a través de murales en la calle, también tienes obra de estudio. ¿Por qué crees que te has focalizado en desarrollar murales? ¿Dirías que crear en el espacio público aporta un valor añadido a tu experiencia personal y profesional?

A diferencia de otros artistas que han vivido el proceso a la inversa, yo he aprendido a pintar en las calles y posteriormente he comenzado a producir obra de estudio. Pienso que el hecho de haber aprendido a pintar en las calles me ha proporcionado una buena capacidad para entender los espacios en el momento de plantear un proyecto y consolidar un método de trabajo que me funciona bien en este campo, pero también me ha perjudicado al desarrollarme técnicamente y encontrar un lenguaje más personal, ya que me he perdido todo el tiempo de experimentación técnica que proporcionan las horas de estudio.

Cuando haces un mural puedes probar cosas nuevas técnicamente, experimentar, equivocarte, pero el hecho de estar trabajando en el espacio público ya sea con más o menos visibilidad, condiciona este proceso de aprendizaje. Es por eso por lo que estoy intentando aumentar las horas de estudio y no aceptar tantos proyectos de mural, porque me interesa también poder moverme hacia otras direcciones y circuitos artísticos no sólo el muralismo.

También hay muchas imágenes y conceptos que me interesa desarrollar y que soy consciente de que no puedo hacerlo mediante el mural, ya que no funcionarían al espacio público. Del mismo modo que pienso que crear en el espacio público puede aportar mucha experiencia y bagaje, crecer a nivel personal y artístico, pienso que la obra de estudio es la base tanto técnica como conceptual de todo lo que después proyectos fuera como artista con tu trabajo.

En los últimos dos años has hecho numerosos murales de gran formato. ¿Qué retos te supone el trabajar en superficies de gran escala?

El trabajo a gran escala es lo que me hace sentir más cómodo en el momento de trabajar aunque pueda parecer ilógico. Son mis proyectos favoritos y los que hacen sentirme más realizado en todos los sentidos. El hecho de tener tanta superficie de pared para trabajar es muy agotador física y psicológicamente, pero también permite una gestualidad mucho más activa y expresiva a la vez de pintar. Utilizo siempre una pértiga con la brocha o el rodillo pegados a la punta y eso me permite utilizar todo el cuerpo para hacer cada trazo, por lo que fluyo de una manera más interesante con la superficie y la pieza.

Es cierto que a nivel logístico requiere un trabajo previo mucho más riguroso que en esta clase de intervenciones intervienen factores que tal vez en una de media o pequeña no influyen tanto. También porque el impacto que puede llegar a tener un mural de estas dimensiones, pide ser muy consciente de cada decisión que tomas. Estás expresando una idea personal tuya a los ojos de miles de personas, que circulan o que circularán a lo largo del tiempo ante la pieza y se harán preguntas. Evidentemente nunca podrás agradar a todos, pero sí que debes ser lo más meticuloso posible al mismo tiempo tener en cuenta cada aspecto del proyecto a nivel conceptual y de imagen, porque la influencia e impacto que puede tener lo que propones sobre el contexto y la entorno social son enormes.

Uno de los factores más difíciles es el cálculo de las proporciones. He aprendido con la experiencia a encontrar mi sistema de trabajo y seguirlo siempre rigurosamente porque es la única forma en que pienso que se puede obtener un buen resultado trabajando a una escala tan grande. Tener un plan desde el principio y seguirlo. Sino tienes un plan te acabas perdiendo. El proceso de producción de un muro de gran escala puede ser como mínimo de 4 o 5 semanas seguidas trabajando muchas horas diarias sin descanso. Requiere estar bien físicamente, una gran fuerza de voluntad y ser muy fuerte psicológicamente. Cada mural de estas características supone una lucha sobre todo contigo mismo, que agota mucho. Es el más duro de todo. Tu lucha con tus miedos, tu estado de ánimo, tus dudas, la confianza que tienes contigo mismo y lo que haces, tu exigencia … todo ello florece en cada uno de estos proyectos y son factores que pueden complicarte mucho o ayudarte dependiendo de cómo sepas gestionarlos. Haciendo esta clase de muros he conocido cosas de mí que nunca había visto. Tanto negativas como positivas.

Superar el miedo a las alturas es uno de los factores que he tenido que afrontar, ya que puedes estar trabajando con la grúa a 50, 60 o 70 metros de altura. Conocer la máquina y confiar en ella es muy importante para sentirte seguro y centrarte en pintar aunque puedas estar muy asusta cada vez que subes a lo alto del muro y la sensación de miedo te paralice y te impida avanzar.

Me pasa cada vez que afronto un muro de estas dimensiones y siempre es un factor que te encuentras desde el principio, como también lo es el hecho de no poder tener todos los materiales que querrías arriba la grúa porque tiene un tamaño limitado.

De este modo, es importante saber manejar los tiempos de subida y bajada y elegir muy bien qué zonas trabajar en cada momento y qué materiales te llevas arriba. Si cometes un error, se multiplican por 10 sus consecuencias, en tiempo y esfuerzo para las grandes dimensiones de este, por lo tanto, es importante ser cauteloso y sobre todo tener paciencia. La verdad es que cada vez que he acabado uno de estos proyectos, he sentido una satisfacción incomparable.

Ves el resultado de semanas, meses de trabajo duro, el calor de los vecinos que te felicitan y su gratitud, es muy gratificante. A veces más, a veces menos dependiendo de si el resultado se acerca más a lo que buscabas desde el principio o no.

Por último, ¿por qué crees que ha habido un aumento de proyectos de arte urbano a nivel local y nacional en los últimos años?

Pienso que estamos viviendo los mejores años de este movimiento artístico pero no estoy seguro de si seguirá creciendo al ritmo que lo ha hecho esta última década. Se ha encontrado en el arte urbano y el muralismo una utilidad, más allá de lo que supone para el artista. Los ayuntamientos, las instituciones, las empresas privadas, los gobiernos … han encontrado un uso y lo han hecho visible para favorecer a sus intereses. Sabemos que hace años que este movimiento está evolucionando, pero nunca ha tenido la visibilidad y aceptación social que tiene ahora porque antes todos estos factores no intervenían de la forma como lo hacen. Esto ha dado la posibilidad a muchos artistas de poder vivir de esto, de dedicará a él plenamente como un oficio, como es mi caso.