Paula Bonet

Paula Bonet nació en 1980 en Vila-real, Valencia. Se licenció en Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, y completó su formación en Santiago de Chile, Nueva York y Ubrino. Domina diversas técnicas como la ilustración, la pintura al óleo y el grabado. Sus obras giran en torno a la música, la poesía, las artes escénicas y la literatura. Ha publicado varios libros como 813 (La Galera, 2015) o La Sed (Lunwerg, 2016), de los que es autora del texto y de la imagen. Sus obras han adquirido un nivel Internacional, llegando a exposiciones de todo el mundo como Chile, Miami, Berlín, Londres o París.

Estudiaste bellas artes en Valencia, después seguiste estudiando en Chile, Nueva York y Urbino. ¿Como influyó el hecho de vivir y formarte en ciudades internacionales con culturas diferentes en el desarrollo de tu carrera artística?

Chile, Nueva York y Urbino forman parte de mi época de estudiante de Bellas Artes, y de eso hace mucho tiempo. Son escenarios que me marcaron, sobre todo el chileno. Los viajes son una constante en mi manera de entender el mundo y de entender la relación que establezco con mi obra, de hecho, ahora mismo estoy desarrollando un proyecto que publicará Anagrama y que se centra justamente en el hecho de cambiar de escenario y de trabajar mientras se está de paso, en formatos incómodas, espacios incómodos y con el tiempo limitado. Estos espacios que en un principio dificultan el proceso físico de creación, acaban llevando la obra a lugares más interesantes que el hecho de trabajar siempre desde la comodidad del estudio.

Como artista has desarrollado proyectos con múltiples soportes pictóricos; ilustraciones, libros, cuadros, una batería, murales … ¿Qué te aporta el hecho de experimentar con varios formatos y soportes creativos?

No acomodarme y que tanto el pensamiento como la resolución gráfica esté constantemente en cuestionamiento. Ahora mismo tengo un conflicto con la ilustración, pero sé que es temporal, que si no hubiera dedicado los últimos años a desarrollarla, mi pintura actual, o incluso mi trabajo literario estarían en un lugar que personalmente me parecería menos interesante. Para mí es importante no repetir patrones, equivocarme y no olvidar que las diferentes disciplinas artísticas son permeables.

Además de la pintura y la ilustración, también has escrito varios libros en los últimos años. ¿Qué influencia ha tenido la escritura en tu obra pictórica y viceversa?

Lo entiendo desde un lugar natural, como decía antes creo que esta obsesión que tenemos en separar las artes es una construcción que no nos beneficia ni como creadores ni como lectores o amantes de la pintura o del dibujo. El hecho de pintar me ha llevado a la narración de hechos que sin la plástica no habría sabido nombrar, el hecho de escribir me ha llevado a ser mucho más libre en el momento de pintar, me ha alejado de la literalidad

en la representación gráfica del mundo.

A través de tu obra y trazo has creado un estilo marcado por la sensibilidad poética, con un contenido muy íntimo. ¿Qué ha influido en la evolución de tu estilo artístico? ¿Cuáles dirías que son tus fuentes de inspiración durante el proceso creativo?

Yo creo que no es tan íntimo. Hablo de hechos universales, de hecho creo que es eso lo que hace que algunas personas conectan con mi trabajo. Mis fuentes de inspiración están en la mirada.

El estudio y el espacio público son dos contextos de creación muy diferentes. ¿Qué te motivó a trabajar en tu primer mural en la calle?

Cuando pienso en mi primer mural me viene a la mente el homenaje a Gabriela Mistral que hice en el centro GAM de Santiago de Chile. Las motivaciones fueron diversas: que tenía que irme de Chile justo dos días antes de la inauguración de la Feria del Libro y que entonces no me daba tiempo a presentar el libro 813 TRUFFAUT dentro de la programación oficial de la feria y que desde la misma organización me dieron la posibilidad de intervenir un muro de una de las calles de Santiago que más aprecio, la Alameda. Forma parte de la ruta que hacía cada día a los veinte años cuando tenía que ir de casa a la universidad. Tengo un vínculo muy firme con Chile y pudo la parte emocional.

La mujer es una figura que predomina mucho en tus ilustraciones, a menudo con relatos personales que visibilizan estigmas y temas tabúes arraigados a la condición de género de nuestro imaginario colectivo. ¿Consideras, pues, que tu obra es política?

Toda obra es política. Incluso aquella que dice que no se posiciona: lo está haciendo desde el lugar más cobarde.

Precisamente, durante 2018 elaboraste un mural en el marco del proyecto Womart. ¿Como mujer con una larga trayectoria artística, dirías que tu trabajo se ha visto alguna vez afectada por la falta de paridad de género en el sector artístico, en concreto? ¿Crees que es más complicado que te reconozcan como artista por el hecho de ser mujer?

Sí. En un mundo que se nombra en masculino, que aprende de la experiencia masculina, las mujeres somos la alteridad, lo que hay que reivindicar con fuerza y, sin embargo, se ridiculiza constantemente cuando se erige públicamente en el sujeto que obviamente es. Nosotros también pensamos, sentimos, tenemos deseos y queremos ser libres. Nuestra experiencia y nuestros deseos son igual de legítimos y universales que los masculinos.

Pintar en la calle permite establecer un contacto directo con el territorio y sus habitantes o peatones. ¿Qué te aporta personal y profesionalmente el hecho de trabajar en este entorno?

Yo no soy muralista ni he hecho muchas intervenciones en el espacio público, y admiro y respeto con firmeza a aquellos y aquellas que lo hacen. Me interesa mucho el hecho de modificar el formato, de salir del taller, y que sea el propio espacio el que después modifique o intervenga en la obra. Pero encuentre de gran dificultad trabajar muros de grandes dimensiones, que no reciben la pintura como el lino o el papel, y que se meriendan los pinceles con un par de horas. Admiro profundamente los y las muralistas.

¿Cuáles han sido los retos a la hora de pintar murales de medio o gran formato?

Han sido retos físicos, obviamente. Como decía antes mi formación no se ha dirigido a intervenir el espacio público y no creo que lo haga muchas veces más durante mi carrera. Lo más complicado para mí es organizar el material y que no se rompa o desaparezca antes de tiempo.